HOMILÍA CELEBRACIÓN SANTO DOMINGO SAVIO

06 May 2021
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HOMILIA MISA DOMINGO SAVIO

Muy buenos días a todos y cada uno de ustedes, que alegría poder compartir con ustedes unas breves palabras el día de hoy, día en que celebramos la fiesta de Domingo Savio modelo del alumnos salesiano.

En Domingo Savio, el Señor ha querido dar a los niños y a los jóvenes un “modelo de santidad juvenil”, que se distingue por la “alegría del corazón” y por la “fidelidad a los deberes de cada día”.

Para poder alcanzar esta meta, todos nosotros, niños, jóvenes y educadores invocamos la ayuda de Dios para crecer como hijos suyos en la alegría y en el amor y para ser transformados por el Espíritu en “alegres mensajeros” de su amor.

Domingo Savio era un niño bueno y orientado a la piedad, como se puede leer en su biografía. Se dice que por la mañana y por la noche, antes y después de las comidas, buscaba momentos y espacios para rezar.

Quizá una de las cosas más sorprendentes es precisamente su firme voluntad de ser santo, de crecer espiritualmente, de no ser un mediocre.

En su camino de santificación, no hay duda de que Don Bosco fue para él un verdadero maestro: le recordaba que era solamente un adolescente y que debía vivir como adolescente. Por esta razón no le permitía que gastara tantas horas en la iglesia o que ayunase. Por el contrario, lo invitaba a ser un buen estudiante, a cumplir con sus deberes de casa, a superar la pereza durante los días de verano, a dedicarse de lleno al estudio, a hacer el bien a los compañeros. Cosas que hoy yo quisiera recomendarles a todos ustedes niños y jóvenes, a ver les repito: ser un buen estudiante, a cumplir con sus deberes de casa, a superar la pereza durante los días de clases, a dedicarse de lleno al estudio, a hacer el bien a los compañeros.

En la primera lectura del día de hoy San Pablo nos recomendaba que reprendamos a los que no quieren hacer nada. Así que ya saben profes y papitos, si los niños o los jóvenes no quieren hacer nada están autorizados por San Pablo para reprenderlos, pero ojo con amor y ternura como nos lo recomendaba nuestro padre San Juan Bosco; y claro los profes tampoco se libran el día de hoy, autoridades ya saben si algún profe no quiere hacer nada también hay que darle esa palabrita al oído para animarlo a colaborar con la educación de los niños y jóvenes.

Hay que decir que ya en el primer encuentro con Domingo Savio, Don Bosco descubrió que había buena madera, madera de santo: “Reconocí en aquel muchacho un alma completamente consagrada al Espíritu Santo y quedé profundamente conmovido al ver la obra de arte que había hecho ya la gracia de Dios en una persona tan joven”. Dirá Don Bosco.

Fue, sin embargo, una predicación de Don Bosco, en marzo de 1855, el detonante que lo lanzó decididamente hacia la santidad: “Hay tres cosas que les quiero recordar:

  1. la primera es que Dios quiere que sean santos
  2. la segunda, que no es difícil para un muchacho llegar a ser santo
  3. la tercera, que hay una gran recompensa en el cielo para quienes logran ser santos”.

En aquel momento Domingo se hizo esta reflexión: “Durante toda mi vida no he querido sino esto! No hay razón para no serlo. De ahora en adelante me dedicaré a ello con todo el corazón y con toda la mente. Debo ser santo, no importa cuánto me pueda costar”.

He aquí el momento de la decisión de Domingo: “Incluso mi nombre significa que pertenezco al Señor, y debo ser totalmente suyo, y no seré feliz sino hasta que no sea santo. Tengo un grande deseo de ser santo y si no lo consigo, habré fracasado”.

Cuando Domingo Savio preguntó qué cosa tenía que hacer para ser santo, Don Bosco lo invitó a estar siempre alegre, a cumplir los deberes de cada día, a desarrollar una relación de amistad con Jesús a través de la oración, la Palabra de Dios y los sacramentos de la confesión y de la comunión, y a preocuparse de hacer el bien a los compañeros. Domingo asumió seriamente este programa de santidad y procuró vivir así.

En la primera lectura de hoy se decía, estén siempre contentos. Oren en todo momento. Den gracias a Dios en cualquier circunstancia. Alguno de Ustedes me dirá, pero como quiere que este alegre con todo lo que esta pasando, no podemos ir a la escuela, al colegio, nuestros seres queridos se han enfermado, incluso algunos han muerto. Pues si es verdad, la situación es muy difícil en estos días, pero, por otra parte, ser felices no significa no sentir dolor, la felicidad es algo que va más allá. Y Dios cada día nos da motivos para estar felices, basta con mirar a nuestro alrededor y ver que tenemos un hogar, que tenemos un ser querido cerca, que están nuestros maestros que nos quieren y nos acogen y que todos los días deben realizar un esfuerzo enorme para preparar la clase; que existen personas que día a día están luchando contra esta pandemia incluso a costo de exponer sus vidas, en fin tantas otras señales que nos muestran que Dios está con nosotros, que día a día camina a nuestro lado y que nunca nos va a abandonar.

Así es mis queridos niños y jóvenes, tenemos muchos motivos para seguir luchando cada día para no dejarnos vencer, y recuerden que nadie se salva solo, que necesitamos del otro para salir adelante. Para terminar mi mensaje por la fiesta de Domingo Savio, contarles que Domingo murió a los 15 años, el 9 de marzo de 1857, habiendo alcanzado un alto grado de santidad, válida para ser propuesta a ustedes niños y jóvenes.

Domingo Savio es fruto de la gracia, de la acción del Espíritu, y también de la educación salesiana. Ésta, la educación salesiana debe ser capaz de señalar horizontes altos de vida, de proponer “una medida alta” de vida cristiana para vencer la tentación de la mediocridad. Escucharan profes hay que plantear metas altas a los estudiantes. La niñez, la adolescencia y la juventud son también tiempos para madurar en santidad y para plantearles metas altas.

Domingo Savio es una figura muy completa en su aspecto humano: responsabilidad, amistad, generosidad. Sobre todo, es alguien que se caracterizó por el diálogo con el Señor, al que sintió dentro y fuera de sí, y al cual respondió con la oración, la intimidad sacramental, la pureza de corazón y con el compromiso apostólico ordinario y extraordinario entre sus compañeros.

Que el Señor nos conceda la gracia de caminar juntos, educadores y educandos, en el camino de la vida y de la fe creando un ambiente que favorezca la confianza recíproca, el estímulo al bien y el acompañamiento personal. Que así sea. Amen.

 

Diácono Vladimir Garcia, Sdb

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